domingo, enero 29, 2006

La cornucopia del Estatuto catalán


VICTOR DE LA SERNA
El Mundo, 28-01-06

CAMBIOS DE ALIANZAS SOBRE LA MARCHA. La etimología clásica de cornucopia nos da el significado de cuerno de la abundancia; otra más libre sería abundancia de cuernos. Ambas ilustran el último tramo de esta tragicomedia.

En el chalaneo del Estatuto catalán, del que no tenemos más que noticias indirectas sobre cómo se van articulando los retoques del tremendo y maximalista texto aprobado en el Parlamento de Barcelona (sí, ahora lo critican así quienes desde Madrid, entonces, le daban la bienvenida), el gambito más reciente del presidente del Gobierno pactando con Artur Mas y dejando en la estacada a Josep-Lluís Carod-Rovira es la última fuente de pasmo y jolgorio.Los accesos de cuernos son muy aparentones y siempre muy celebrados en España. Lo malo es que seguimos quedándonos en la espuma del protocolo monclovita, de la foto sonriente, del conmigo que no cuenten (pero acabaremos pactando...), y sin conocer el fondo de lo chalaneado y acordado: la nación, la financiación, los privilegios, la soberanía.

No importa eso, asevera el incesante Josep Pernau en El Periódico: lo que importa es que ha quedado con el trasero al aire la «trama falsa» propalada por los villanos de siempre, los del PP: «Ha quedado desmontada como el juguete de un niño. La nación no alcanza el reconocimiento que se pretendía y el señor Carod-Rovira se queda solo, discrepando de lo que los demás aceptan». Carod y el PP, de la mano: ya saben, se han «quedado solos». El caso es que Pernau sabrá más que los demás de cómo ha quedado el «reconocimiento» de la nación, y no se extrañará de la facundia con que se cambian cromos y aliados en torno a la Carta Magna reverenciada en su Cataluña, dejando en entredicho el futuro de la gobernabilidad en Barcelona y en Madrid. Pero otros sabemos menos y nos extrañamos más...

Ante la gran farsa, algunos optan por la explicación mediante el razonamiento alambicado hasta la caricatura sintáctica, retórica y semántica. Lean a Javier Pradera en plena forma en El País: «Finalmente, tal vez un acercamiento etológico al comportamiento no verbal de los políticos permitiría analizar su libidinosa urgencia de realizar despliegues rituales periódicos en los espacios simbólicos de vida pública; para los dirigentes de ERC, las prelaciones del protocolo en La Moncloa pueden pesar tanto como la definición de Cataluña y su déficit fiscal».

Para Soledad Gallego-Díaz, en el mismo diario, las tácticas insoportables del PP y su idea del referéndum impiden discutir tranquilamente la bendición del federalismo que (opina ella) está llegando: «Algunos incluso creemos que el sistema federal es el mejor método de organización territorial y que se convierte a menudo en el auténtico enemigo de los nacionalismos, porque exige lealtad e igualdad, algo que es una maldición para los obsesionados con la identidad». En sí, ni enemigo ni amigo, querida colega; ni freno ni acicate. Por ejemplo, es federal Canadá y lo era Yugoslavia, y eso ni frenó ni frena los arrebatos nacionalistas. Estos son viscerales, no finamente académicos...

En El Periódico, Pilar Rahola («el infierno no se compara a la furia de una mujer despechada»...) se chotea de Carod, canta a un Zapatero que ha hecho de «Azaña en tiempos de Sanjurjo» y celebra el recién pactado Estatuto. También debe saber ella más de su contenido que nadie, a lo que se ve. Vamos: que una de dos, o no se ha edulcorado tanto el texto primitivo como aseguran, o la ex activista del Partido por la Independencia es hoy -si creemos las versiones angelicales sobre el alcance de lo acordado- una suave regionalista.

No hay comentarios: