sábado, enero 28, 2006

Arcadi 27 de enero


Arcadi Espasa
27 de enero

Entre las consecuencias más perversas de la influencia nacionalista sobre la política española están los pactos que acuerda un partido de ámbito estatal con otro de ámbito comunitario. En muchas ocasiones el partido estatal necesita los votos de los partidos comunitarios para ejecutar diversas decisiones políticas. Éstos se los darán o no: pero su criterio dominante no será (o en el mejor de los casos: no sólo será) si la decisión empeñada era racional, justa, oportuna, técnicamente solvente. Lo que dominarán serán las contrapartidas, naturalmente territoriales. Un partido nacionalista podrá votar cualquier cosa, siempre y cuando lo que le ofreczcan sea beneficioso para el Territorio, en su particular concepción de lo beneficioso y el Territorio. Es de este modo como Convergència y el Pnv han podido cogobernar por igual con socialistas o populares. Sus acuerdos siempre han estado muy lejos del pacto político convencional. Es decir, del pacto entre partidos que tienen las mismas responsabilidades ante los mismlos electores y que liman sus aristas ideológicas para conseguir objetivos que consideran buenos, y que responden de sus decisiones ante los mismos electores. Obviamente no es el caso de los partidos nacionalistas cuando prestan su apoyo a una ley planteada por el Partido Socialista que regula –pongamos—los depósitos automovilísticos de la provincia de Albacete. Mientras los electores de Albacete pedirán cuentas al Partido Socialista no podrán hacer lo mismo con el partido nacionalista corresponsable de la decisión. A éste sólo le pedirán cuentas –en Cataluña— por lo que ha conseguido llevarse a casa a cambio de los depósitos albaceteños. Las cuentas siempre serán celebradas, como es natural, y su beneficio alcanzará antes al que ha exigido y conseguido el fruto que a aquel –remoto—que lo ha concedido. Este evidente desequilibrio de la política española lo ha vuelto a poner de manifiesto, obscenamente, según costumbre, el dirigente de Esquerra Republicana, Carod Rovira. Dice que ya no va a dar su apoyo global al gobierno. ¿Por qué? Bien: hasta ahora votaba con el gobierno sobre el grave problema de los depósitos automovilísticos albaceteños, fiado en que el gobierno transigiría con la palabra nación. Depósitos por nación. Esta maravillosa asimetría ontológica del chantaje. Albacete ya puede alzarse en armas: que el elemento decisorio de la parálisis que afecta al desguace de los depósitos albaceteños se encuentra huido.

El Consell Audiovisual de Cataluña prepara unas recomendaciones para que los periodistas catalanes informen correctamente sobre lo que se avecina: la tramitación parlamentaria del Estatuto y, sobre todo, el referéndum. Comprendo su diligencia, porque tienen la complicada tarea de hacer coincidir el 90% de apoyo parlamentario con una cifra semejante de apoyo social. A riesgo de no poder seguir llenándose la boca unánime y glotona.

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