domingo, enero 22, 2006

Generosos

Por JON JUARISTI
ABC 22-01-06
PROVERBIOS MORALES

MIKEL Buesa afirma que el residente de la Moncloa es un traidor y Carlos Mart�nez Gorriar�n replica que no hay para tanto. Ambos son buenos amigos m�os, s� que se estiman y deplorar�a que rompieran por una cuesti�n trivial. Yo creo que el residente es un traidor, pero no m�s traidor que el �ltimo de sus secuaces, y me parece tedioso inventariar todas las apolog�as de la traici�n que la izquierda ha hecho a lo largo de su historia. De las literarias m�s recientes, baste recordar �La traici�n democr�tica�, de Guy Hermet, que tanto gust� a los socialistas por sus ditirambos a Felipe Gonz�lez, y el �Elogio de la traici�n�, de Denis Jeambar e Yves Roucaute. Por cierto, el viernes pasado publicaba un breve extracto de este �ltimo ensayo �El Heraldo de Chiapas� (y no va de co�a). Transcribo un par de aforismos representativos de su contenido general: �La traici�n, si no se vuelve cobard�a, es la forma superior de la decisi�n pol�tica�. Y este otro: �No traicionar es perecer, desconocer el tiempo, los espasmos de la sociedad, las mutaciones de la historia. La traici�n, expresi�n superior del pragmatismo, se aloja en el centro mismo de nuestros modernos mecanismos republicanos�. �Pragmatismo? S�. Pragmatismo barato, en definitiva, pero la progres�a emasculada de nuestro tiempo no alcanza ya a entender otra �tica de bolsillo que �sta del Maquiavelo para principiantes.

La izquierda, que se tiene por virtuosa, pretende que incluso la traici�n resulte edificante. Traiciona siempre en aras de un ideal superior, porque la traici�n a secas, sin cobertura moral, no es que sea de derechas: se ha vuelto incomprensible. Alain Finkielkraut defini� hace veinte a�os la modalidad preferida por la izquierda como traici�n generosa. Enti�ndase: cada acto de traici�n debe servir s�lo para poner de relieve la magnanimidad del traidor, que lleva su esfuerzo de comprensi�n de las razones del enemigo hasta el extremo de acabar suscribi�ndolas. En principio, lo de cruzar la l�nea no es en s� reprobable. Muchas traiciones son, por el contrario, dignas de alabanza. Ahora bien, lo caracter�stico de la traici�n generosa es la inmovilidad de quien la perpetra. Los motivos de un tr�nsfuga podr�n ser m�s o menos limpios -nunca lo ser�n para aqu�llos a los que abandona, por supuesto-, pero, por lo menos, corre un riesgo en la huida: desde ser tiroteado por la espalda hasta re�ir con la familia. El traidor generoso permanece siempre donde estaba: por ejemplo, mientras los disidentes del comunismo que se jugaron la vida para pasarse al bien llamado mundo libre fueron legi�n, raros han sido los detractores del capitalismo voluntariamente expatriados a los pa�ses comunistas. El comemierda, magn�fico concepto cubano equivalente al de traidor generoso, nunca se ha dado prisa para pedir visado de residencia en el para�so igualitario que predica.

De la traici�n generosa se obtiene s�lo un beneficio ps�quico inmediato, y eso en el mejor de los casos, porque el enemigo no es tonto y, como Roma, nunca paga a traidores. Generalmente, el traidor generoso suele pensar -o, mejor dicho, se imagina- que el enemigo es tan generoso, desprendido, magn�nimo y comemierda como �l mismo. Y no. El enemigo, si es un enemigo de verdad (y Otegui lo es), est� esperando que le tiendas la mano para tirarse a la yugular. Y hace bien, porque hasta las amebas saben que si el enemigo esboza gestos amistosos en mitad del combate es que se declara vencido. En muchas especies de vertebrados superiores, las peleas entre machos durante la temporada de apareo terminan cuando uno de los contrincantes se vuelve de espaldas al otro y levanta la grupa, como la hembra cuando invita a la c�pula. El rival lo interpreta como una rendici�n y se aleja con desprecio. Entre humanos, ten por seguro que aceptar� la invitaci�n. Si ya empiezas admitiendo lo razonable de que muchos catalanes se sientan miembros de una naci�n exclusivamente catalana, te van a poner el pre�mbulo como un bebedero de patos.

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