miércoles, enero 18, 2006

Artículo sobre "l'Estatut" al Economist de esta semana


por Francisco Aguilera
18 de Enero de 2006

Acabo de leer, con horror, los dos artículos que publica The Economist esta semana sobre la actual discusión sobre el nuevo Estatuto para Cataluña, así como sobre la declaración del general Mena.

No salgo de mi asombro al comprobar lo profundamente parcial que esta prestigiosa -al menos para mí- publicación se revela con estos artículos, que más parecen reproducir la versión y percepción de las cosas que tiene la actual dirección del Gobierno y el PSOE que la realidad objetiva en que se desenvuelve la discusión sobre l’Estatut.

Esta actitud condescendiente ante el Gobierno de Zapatero casa mal con los principios que tradicionalmente venía defendiendo dicha publicación y con los muchos elogios que le mereció la actuación del anterior Gobierno Aznar.

¿Quién es el corresponsal en España ahora de The Economist? España está atravesando una situación muy delicada donde lo que más se echa en falta es, precisamente, libertad y discusión transparente de cuestiones importantes y nos encontramos con que hasta las revistas mejor informadas (?) y más serias (?) repiten tópicos sobre España y analizan desde un nivel puramente superficial lo que está pasando en relación con las aspiraciones y los métodos de los nacionalismos periféricos españoles, así como de la actitud gubernamental.

Creo honestamente que lo que publica The Economist esta semana se merece una contundente réplica, y una invitación a que informen mejor y con más seriedad.

Se puede tener la opinión que se quiera sobre la aceptabilidad de la causa separatista o nacionalista en España o en otros países. Pero no puede basarse en lo superficial ni desconocer los derechos de las personas, por encima de los de los territorios. Por no decir que da por sentado hechos que no lo son: como que los catalanes apoyan en el mismo porcentaje que su Parlament la propuesta de Estatuto; o que los niveles de autonomía de Escocia o Quebec, si aplicados a Cataluña y el País Vasco conseguirían quizá aplacar el independentismo latente en ambas Comunidades, cuando éstas últimas tienen de hecho y de Derecho un nivel competencial que no tiene que envidiar nada a nadie; o que la opinión pública apoya al Gobierno y la derecha está sola en este tema, cuando las encuestas reflejan claramente la calmada inquietud ciudadana; o que Mena dijo o insinuó lo que no dijo, pero, eso sí, la presencia de un militar les ha llamado la atención y les ha recordado la España de charanga y pandereta, que es, inconscientemente, la imagen que siguen teniendo de nosotros; o que Cataluña es la región más rica, cuando ya no lo es; etc. O contradicciones como rechazar a la intervencionista propuesta de Constitución europea y, en cambio, no referir para nada al todavía más intervencionista proyecto de Estatut.

Uno creía que la magnífica acción exterior del anterior Gobierno y su cultivo y acercamiento a países como EEUU y Gran Bretaña había servido también para que, aparte de los contactos gubernamentales, también los sectores informados en ambos países viesen a España como a un socio serio, con quien se comparten muchos intereses. No detecto en The Economist la menor nostalgia de la "anglofilia" aznariana, ni de la política exterior, interior y económica seria que se tuvo. Más parece como si considerasen a Zapatero como un líder político "normal" que no estuviera impulsando políticas totalmente ajenas a lo normal y aceptado entre los países europeos serios y normales.

Una pena. Y una profunda decepción: España puede sufrir ahora una profunda transformación bajo anestesia y a nadie parece importarlle.

GEES

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