jueves, marzo 16, 2006

Internet, el nuevo periodismo, la nueva literatura y la nueva filosofía


Eulogio López

Los anónimos en Internet se están convirtiendo en un nuevo género literario. Tiene sus peligros, porque es utilizado por todo tipo de cobardes para insultar o simplemente decir lo que no se atreven afirmar. Es decir, Internet, tiene su lado tenebroso, pero, al mismo tiempo, el anónimo en la WWW se ha convertido en un prodigio de creatividad, y en la ironía más inteligente, especialmente en los campos político, económico y ético. Además, refleja estados de ánimo por lo general bastante generalizado. Uno de ellos es el de la desconfianza congénita hacia los políticos en general y hacia el fisco en particular. La mayoría de los españoles (¿y de todo el mundo?) no considera los impuestos un instrumento distribuidor de riqueza y posibilidades, sino una asfixiante imposición mal remunerada, un cheque en blanco para fomentar la egolatría de los hombres públicos. Y esto, independientemente de la ideología del Gobierno de turno.

Por su propagación acelerada por la red, algunas de estas historias, críticas, composiciones plásticas o como quiera llamársele, se convierten en verdaderos bestseller –aunque su difusión concreta resulte de imposible medición-, un verdadero y novedoso género periodístico y, por qué no, literario. Como muestra, este botón.

En definitiva, si hay algo democrático –especialmente en el prístino sentido en el que democracia se opone a aristocracia- es la red de redes. En ella, casi hay tantos emisores como receptores, lo cual no asegura la calidad, pero sí la libertad de expresión que el estilo de los medios periodísticos –un emisor, multitud de receptores- acentuado por el peligrosísimo proceso de concentración empresarial mediático de los multimedia, y su inevitable pensamiento único, había ahormado a las personas. Pero Internet se les escapa- Internet es la china en el zapato de los señores de la prensa. La estructura de la telaraña mundial es tan abierta –no tan global, que es cosa bien distinta- que los grandes editores no sólo no pueden controlarla, sino que fracasan una y otra vez en ella, frente a microempresas que les hablan de tú a tú, y que interesan más a los lectores porque van a la esencia de las cosas… aunque muchas veces concluyan las mayores majaderías, que eso es otra cosa. Porque de la saturación informativa –del exceso de datos, verdadera clave de nuestro tiempo, no se sale reduciendo la libertad de expresión sino convirtiendo la información en comunicación, la noticia en conversación, la neutralidad en imparcialidad y el diálogo en coloquio. O sea, abominando del periodismo actual… sin ir más lejos.

Internet es el nuevo periodismo, la nueva literatura y la nueva filosofía… para bien y para mal. En Internet, cualquiera puede ser Polanco.


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