miércoles, julio 05, 2006

Negociación


PABLO MÉNDEZ GALLO     
SOCIÓLOGO, DOCTOR EN FILOSOFÍA     
EL CORREO 5 JUNIO 2006
     

Sabemos desde Hannah Arendt, y parafraseando a Von Clausewitz, que la negociación supone la continuación de la guerra, por otros medios: un toma y daca. Es más, cualitativamente, y en ciertos aspectos, guerra y negociación es lo mismo: negación. Puesto que negocio es la negación del ocio (neg-otium), esto es, de lo contemplativo y lo virtuoso -en su sentido más clásico-, negociar implica una negación de la palabra (diálogo) en pos de una ética de lo utilitario y, en última instancia, una negación del otro (reducción a objeto de cambio), de la diferencia, generando víctimas al igual que en el proceso bélico. En suma, una negociación abunda en la revictimización de las heridas ya producidas durante la batalla.

Sobre esta base, la inclinación del Estado a negociar con un grupo terrorista (por ejemplo, ETA) supone la aceptación de un error propio, de una falla democrática paralela al conflicto mismo. Implica aceptar el derecho a satisfacer un interés mutuo, la reparación de una situación previa de desigualdad entre las partes. Para eso, ETA tiene que renunciar al derecho a matar, o tal vez a no matar sin derecho que lo ampare. A cambio, el Estado puede hacer concesiones que posibiliten un hipotético futuro alumbramiento estatal. Todo Estado parece fundarse en un asesinato original, pero hasta que esa constitución pueda darse, ETA no debe cuestionar el monopolio legítimo de la violencia que compete a los Estados ya constituidos.

Que el Estado, el español para el caso que aquí se trata, acepte negociar con ETA, supone un punto de confluencia moral con el oponente terrorista, teatralizado por la idea del 'mal menor', propio del pragmatismo utilitarista, el eterno dilema entre medios y fines, sin acordarse de que el medio conforma, configura e incluso representa el propio fin. A la manera de Luhman, el medio es el mensaje, principio de comunicación que cualquier grupo terrorista conoce a la perfección: ¿Se imaginan una sociedad vasca gobernada por los principios (pat)éticos de ETA? No hagan mucho esfuerzo, pues de alguna manera ya la tenemos, aunque siempre podría ser peor (Murphy dixit). Decía un juez israelí, en alusión al asesino de Isaac Rabin, que cuando una ideología justifica la violencia, esa violencia se convierte en la ideología misma.

Pero el verdadero problema de la negociación no es en sí el Estado, ni tan siquiera ETA -más que como síntoma-, sino la propia sociedad vasca y todos los que, de alguna manera, la conformamos. Especialmente, y por recurrir a expresión del semidesaparecido Xabier Arzalluz, de quienes recogían las nueces del árbol agitado (por parte de ETA, se supone). Pues tampoco es justo ni realista repartir responsabilidades a todos por igual. Pero sí podemos decir que, en conjunto, la negociación para el fin del terrorismo representa una pérdida para todos, para la sociedad vasca en su conjunto, el triunfo del utilitarismo más atroz, el principio de que todos somos prescindibles, la rendición o entrega de nuestras potencialidades como actores de cambio a quienes políticamente nos representan y a los que no, a todos aquellos que han sido fuente y motor del desastre y que ahora nos brindan soluciones. ¿Como si éstas existieran!

Sin embargo, no sólo no puede decirse que la negociación sea el fracaso de la política (moderna) en general, ni de los políticos en particular, sino que además la 'gestión economicista' es su medio natural, su hábitat, y lo pueden cumplir más o menos bien, según la posición de quien lo valore: negociar es lo suyo. Pero sí representa el desastre de una sociedad, la vasca en este caso, ante la imposibilidad de trascender la ofuscación nacional. Representa el espíritu de una sociedad inanimada (sin alma) y desanimada (deprimida) que, por miedo al qué dirán, prefirió negarse a sí misma la palabra, bajo el prisma de un pueril pensamiento mágico de que el tiempo todo lo arregla. En el último momento nos acordamos de Bertolt Brecht: 'Ahora me llevan a mí; pero ya es demasiado tarde'.

La negociación no es la paz, sino tan sólo un sucedáneo que pretende evocar el sabor de lo original: lo que la gula a la angula. Por eso no podemos hablar, en justicia, de un proceso de paz en el País Vasco. Es posible que una negociación siente las bases para un posterior proceso de paz, pero en absoluto se pueden confundir o mezclar los términos. Negociar es establecer los límites máximos de violencia que las partes en contienda están dispuestas a asumir, es hacer balance entre costes y beneficios, es racionalizar la dosis de riesgo (social), es construir la realidad a partir de una retórica ambigua que dé cabida a lo real y a lo sucedáneo, es la sustitución del nombre por el pronombre, a partir de lo cual todos -aunque unos más que otros, claro- somos prescindibles y sustituibles. La negociación, como decía antes, es trasladar la guerra y toda su lógica al ámbito de una mesa.

A partir de ahí, y a pesar de lo que quieran que creamos, sólo cabe decir que la paz de los cementerios no es paz, como tampoco lo es la 'pax romana'; la gula no es una angula ni el pronombre puede sustituir a un nombre. Como advierten en las películas, 'cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia'. Y, sin embargo, nos quieren imponer la coincidencia. En nuestras manos está darlo por bueno, o no.

martes, julio 04, 2006

¿Alto el fuego de ETA? Informe de verificación de la violencia terrorista a 29 deJunio de 2006


Estimados amigos:

Por su interés, os adjuntamos el siguiente informe de Mikel Buesa:

“¿Alto el fuego de ETA? Informe de verificación de la violencia terrorista a 29 de Junio de 2006”

Un cordial saludo

prensa@foroermua.com


APERTURA DEL CAMPUS FAES 2006 - DISCURSO DE AZNAR: "¿Y esto es paz?"


Señoras y señores ponentes, participantes e invitados del Campus FAES,
     
Permítanme que lo primero que haga sea saludar a mi amigo Mart Laar, que fue Primer Ministro de Estonia, y a quien quiero agradecerle de manera especial que haya accedido a mi invitación para estar hoy aquí, en la primera sesión del Campus FAES ‘2006. En esta Fundación, querido Mart, invocamos siempre y cultivamos siempre el espíritu de la Libertad. Tú luchaste por la libertad, gobernaste para la libertad, y ahora tratas de seguir extendiendo la libertad. Por eso te hemos pedido que vengas a hablar de Libertad y Democracia. Dentro de unos minutos disfrutaremos con tu conferencia.

Volvemos, un año más, a Navacerrada. Agradezco al Alcalde, Pablo Jorge, que nos acompañe hoy, y le pido dos cosas. La primera, que transmita a todos los vecinos mi saludo y mi agradecimiento por su hospitalidad; trataremos de molestar lo menos posible. Y lo segundo que le pido, es que siga cuidando así de bien esta villa de Navacerrada, que cada año que venimos está mejor.

Mi agradecimiento, también, a todos los ponentes que van a intervenir en el Campus, a los participantes inscritos, al equipo que lo organiza, y a los medios de comunicación que nos van a ayudar a difundir las ideas que aquí van a circular durante los próximos quince días.

Y es que de eso se trata: de ideas. FAES es una fundación que genera ideas y que difunde ideas. No nos da igual qué ideas. Las nuestras son las ideas de la Libertad, las ideas del centro, las ideas del reformismo liberal. Ideas de las que nos sentimos orgullosos, porque han demostrado ser las mejores para el progreso y la dignidad de los seres humanos en todo el mundo.

También en España. Y también con nuestras ideas queremos trabajar al servicio de España. De una España de la que nos sentimos orgullosos. De una España que no es de izquierdas, ni de derechas, ni de centro, sino que es la Nación de todos los españoles, libres e iguales. De una España que no es ningún estorbo, ni algo a lo que cada cierto tiempo le venga bien volverla del revés y vapulearla, como a una alfombra. España es una realidad histórica que lentamente, frágilmente, a lo largo de las generaciones hemos logrado mejorar, porque la primera obligación de cada español –sobre todo de cada gobernante español- es transmitir a la generación siguiente la Nación íntegra y fuerte que hemos recibido.

Queridas amigas y amigos, vamos a hablar de España y de la Libertad en este Campus. Vamos a hablar de Europa y de Occidente. Vamos a comenzar hablando del futuro de la Democracia liberal. Porque la Democracia es un instrumento –el mejor instrumento conocido- para proteger la libertad de las personas. La democracia se ha extendido por el mundo, y deseamos que lo alcance por entero. De eso hablamos en el Campus del año pasado. Pero para preservar la Libertad no basta con tener un Gobierno surgido de las urnas. Hoy vemos en varias partes del mundo –algunas repúblicas iberoamericanas, algunos territorios de Oriente Medio- gobiernos que han resultado de la elección popular. ¿Son verdaderas democracias? Ojalá. Por desgracia sus comportamientos indican que no se comportan como tales. Para que la Democracia sirva a la Libertad hacen falta instituciones, hace falta Estado de Derecho, hace falta Libertad de Expresión, hacen falta tribunales independientes. Sin todo eso no hay Democracia. Y nuestra obligación es ayudar a que aquellos países que no han sido privados del derecho a votar, alcancen también el derecho a ser libres y a comportarse como verdaderas Democracias.

He mencionado la Libertad de Expresión, a la que dedicaremos uno de los cursos del Campus. En su título hablamos de ella como de una libertad amenazada. ¿Lo está? Desearíamos que no. Desearíamos que ningún artista europeo hubiera sido asesinado por filmar una película, pero terroristas islamistas asesinaron a Theo Van Gogh y amenazan ahora a Ayaan Hirsii Ali por esa razón. Desearíamos que ningún clérigo, de ningún lugar del mundo ni de ninguna confesión, animara al atentado criminal por la publicación de unas caricaturas. Lo mismo que –a un nivel distinto, obviamente- desearíamos que a ningún político, ni siquiera bajo la excusa de que hay que inventarse una nación, se le ocurriera crear un Consejo encargado de decidir quién miente y quién no, quién ayuda a la convivencia y quién es considerado un cuerpo extraño y pernicioso para la feliz convivencia de los unánimes. De todo eso hace falta hablar, y es lo que vamos a hacer en estos días.

Igualmente, queremos que aquí se hable de libertad económica, de globalización y de progreso. La primera dedicación de los liberales, desde Adam Smith hasta aquí, ha sido preocuparse por averiguar cómo han de salir los individuos y las naciones de la pobreza. Nadie dotado de conciencia puede permanecer indiferente ante el sufrimiento. Pero nadie dotado de inteligencia puede recomendar que para salir de la pobreza se apliquen aquellas recetas que precisamente lo que generan es pobreza. Nadie, salvo los que consideran que el conocimiento es inútil –por usar la expresión del maestro Revel-, y prefieren un buen dogma políticamente correcto, o un buen eslogan antiglobalizador, antes que detenerse a comprobar el dato empírico de que la libertad de mercado es lo que ha permitido que 500 millones de personas hayan salido del umbral de la pobreza en los últimos 25 años.

Las reformas liberalizadoras, lo mismo que el respeto a las instituciones de mercado y de la competencia, también nos hacen falta a nosotros. Si España ha podido crecer en estos diez años es porque durante ocho de ellos hubo una preocupación y un interés constante. Interés por mejorar las cosas, reformando mercados, bajando impuestos y limitando el gasto público. Preocupación por no interferir jamás los mercados con operaciones teledirigidas, al servicio de intereses políticos de poder.

Ahora vemos lo contrario. El gasto público aumenta un 30% en 3 años. Los mercados se distorsionan para que salga lo que se quiere a toda costa que salga. Y las reformas se posponen, con un encogimiento de hombros que tiene más de cinismo que de equivocación.

España ha demostrado que cuando el Gobierno genera confianza, es capaz de pasar de los últimos puestos a los primeros. Pero España también puede demostrar que la pérdida de confianza nos hace volver a descender en el ranking. El progreso, como las naciones, no es indestructible.


Señoras y señores: hace pocos días fui a Durango. Me concedieron un honor que es más importante que cualquier otra distinción: un premio que lleva el nombre de Jesús María Pedrosa, asesinado por los terroristas hace seis años.

Viendo allí a su viuda, Carmenchu, y a sus hijas, Ainhoa y Estíbaliz, es más fácil entender el enorme error que se está cometiendo. Resulta que a Pedrosa, como a otras 800 personas, se les asesinó porque un grupo de indeseables, decididos a imponer por la fuerza su particular manera de pensar, lo consideraban un obstáculo, a él y a todos los que como él no estuvieran dispuestos a someterse y a callar.

¿En qué consiste esa particular manera de pensar de los terroristas? Lo dijeron en marzo pasado, al declarar el llamado “alto al fuego”: consiste en aceptar una negociación política que conduzca a una decisión sobre el futuro del País Vasco y de España.

¿Y qué es lo que el Presidente del Gobierno dijo la semana pasada? Que aceptaba una negociación política que condujera a una decisión sobre el futuro del País Vasco y de España.

¿Quién va ganando la partida? ¿Las víctimas? No, los verdugos.

¿Para qué aguantó Pedrosa, tras ver caer a Miguel Ángel Blanco y a tantas otras personas antes que él? ¿Para nada? Pues eso es lo que transmite ahora con sus actos el Presidente del Gobierno: que aguantaron para nada, que les mataron para nada.

¿Y esto es paz?

¿Hay paz cuando son los asesinos los que se sientan en la mesa de los vencedores? ¿Hay paz cuando se obliga por las armas a una Nación a modificar su sistema político?

No, no hay paz. No hay paz cuando no hay justicia. No hay paz cuando unos tienen que tragarse lo que otros han impuesto no con los votos, sino con las pistolas.

¿Qué significa ese “derecho a decidir” del que ha hablado el Presidente del Gobierno? Significa, ni más ni menos que el reconocimiento de un derecho de autodeterminación. No puede significar ninguna otra cosa, porque decidir, todos los españoles, vascos incluidos, llevamos treinta años decidiendo.

¿No deberíamos ser todos nosotros –empezando por nuestro Gobierno- quienes exigiéramos a los terroristas, a los antidemócratas y a los extremistas, que respeten las decisiones que tantas veces hemos tomado?

El Gobierno ha demostrado a los terroristas que está dispuesto a aceptar sus condiciones. En el día señalado, en el lugar que le dijeron, ha pronunciado las palabras que le exigieron que pronunciara.

Ahora caminan juntos. Mientras una enorme mayoría de españoles –vascos incluidos- en vez de echar los brazos al aire de alegría, se echa las manos a la cabeza por la preocupación.

Esas mayorías que, encuesta tras encuesta, responden “no” a cualquier cesión ante los terroristas, es la mayoría que se va dando cuenta de que no estamos hablando de que los terroristas entreguen las armas, sino de que los ciudadanos normales entreguemos nuestra democracia, nuestra dignidad y nuestra nación.

Por eso el Gobierno camina ahora junto a sus antaño adversarios del Pacto de Estella. Por eso el Partido Popular y su Presidente, Mariano Rajoy, han permanecido fieles a la palabra dada: no entrar en acuerdos para hacer ahora lo que nos exigieron inútilmente en el Pacto de Estella. Y yo me enorgullezco de ello, y digo que sólo así quedan oportunidades para la esperanza y para la verdadera paz.

Sólo así podemos pensar en un futuro que retome el camino que demostró que era eficaz. El camino de la lucha antiterrorista que pudo –si este Gobierno hubiera querido- acabar definitivamente con la banda de totalitarios.

Nos han cambiado el sistema político de 1978 sin preguntarnos nada. Han cambiado la Constitución sin tener la gallardía de ir de frente, pidiendo su reforma. El Estatuto de Cataluña ha cambiado nuestro régimen político, el mejor que habíamos tenido nunca. La democracia abierta que siempre habíamos soñado. El Estado autonómico que servía bien como punto de encuentro, pero que algunos han interpretado ahora que era un punto de partida hacia sus viejas pretensiones separadoras.

Por este camino no va a haber una España más cohesionada, que no nos engañen. Por este camino vamos hacia una España más dividida. Con menos lazos de afecto. Con rivalidades hasta para compartir el agua de los ríos. Un país sin un Gobierno efectivo, ni un Estado efectivo, porque no puede haberlos cuando las instituciones comunes se quedan vacías de contenido. Un país, en fin, con derechos diferentes en cada territorio, como en los viejos fueros medievales, cada uno empujado a pelear con los demás para conseguir arrancar un poco más de un cuerpo común al que se mira como si fuera cosa de los demás.

No sé si ese camino conduce o no a la independencia efectiva y total de una u otra comunidad. Supongo que sí, porque algunos no se privarán de darse una alegría más al cuerpo. Pero en tanto llegue ese momento simbólico, iremos entrando en una etapa de disolución material, cuyos efectos me parecen igual de graves.

El día que se aprobó el nuevo Estatuto de Cataluña, los actuales dirigentes del Partido Socialista dieron, desgraciadamente, por concluido el sistema y los grandes consensos básicos que dieron como mejor fruto la aprobación y vigencia de la Constitución de 1978.

Ahora hay que pensar en el futuro, y hay que ofrecer un futuro posible para todos aquellos españoles –una amplia mayoría, pienso yo- que siguen deseando un proyecto de vida en común, que es España.

También a eso vamos a dedicarnos en el Campus, lo mismo que el año pasado analizamos qué significaba la palabra “nación” en el debate político español.

lunes, julio 03, 2006

No lo pueden soportar


Por GEES
     
Mientras Zapatero anuncia que va a pactar con ETA y el Gobierno apoya la causa palestina que ayer ejecutó a un colono inocente, la ofensiva del eje socialista-nacionalista en España tiene un nuevo objetivo: la figura de José María Aznar. Demonizado por el frente populista que nos gobierna, aparece frecuentemente en los desvelos diarios de los Llamazares, Zapatero, Blanco o Maragall, a quienes les falta poco para culparle de la eliminación de la selección nacional del Mundial de fútbol.

Es bien conocido que su programa de Gobierno consiste en alejarse obsesivamente de él, aunque a España le cueste hacer el ridículo; desde la Alianza de Civilizaciones, la mendicidad política ante el Vaticano o la Casa Blanca, a la apuesta por una Europa decrépita, Aznar sigue apareciendo en las pesadillas de la progresía en el poder, algo que la moqueta que tanto les gusta no puede solucionar. Cada vez que arrastran la figura de España por el extranjero, la figura del ex presidente reaparece ante ellos para recordarles quienes son y a qué se están dedicando.

Precisamente por eso, el Gobierno de Rodríguez Zapatero y su guardia mediática se han lanzado con todas sus fuerzas, que son muchas, contra la figura del ex presidente. Desde luego que no discuten sus argumentos acerca del terrorismo o el vínculo trasatlántico; ni los escuchan, ni fingen no hacerlo, y probablemente tampoco lo entiendan. Así que prefieren ir por la vía indirecta, y acudir directamente a la descalificación personal y moral, poniendo en marcha el ventilador que también saben manejar.

No es sólo odio sectario lo que el Gobierno de Zapatero muestra hacia su antecesor. La campaña contra Aznar está sustentada en el proyecto político futuro de pactismo con yihadistas y etarras y arrinconamiento de la derecha liberal. Como referente de ésta, acabar con su figura es un primer paso para acabar moralmente con cualquier alternativa liberal-conservadora en España. Destruir el pasado para edificar a sus anchas un nuevo régimen, de la mano de Otegi, Hugo Chávez y los matarifes y dictadores islamistas.

El frente que nos gobierna afirma que no puede vencerse a Txapote, Zawahiri y los suyos, sino que hay que pactar con ellos. Ante esto, el mensaje que antes, durante y después de su presidencia transmite Aznar es claro y rotundo; se puede vencer al terrorismo, sin complejos, con orgullo y a la vista de todos, en Bagdad y en el País Vasco. Frente a ellos, Aznar representa la España liberal y decente que no consiente que se hagan apaños a escondidas con los terroristas y los dictadores. Y lo malo es que no es el único. Por eso mismo no lo pueden soportar.

viernes, junio 30, 2006

Argumentario demoledor contra la euforia basada en el pésimo resultado del referéndum del Estatut (IV). Nos engañaron en el escrutinio


Bachiller
     
Si recordais, el domingo 25-J nos dijeron que la participación en el voto al Estatuto fue del 49 y pico %. Ahora, una vez contado el voto por correo, se ha sabido el recuento dfefinitivo y el porcentaje ha bajado al 48 y pico. ¿Cómo es posible? Porque nos mintieron.

Os cuento: el censo electoral es único, con un número determinado de personas. No es algo elástico, contingente. Cuando se aprueba el censo electoral, después de un largo proceso de exposición pública, queda fijado un número exacto de personas con nombre y apellidos. Una vez sabido esa cantidad de personas censadas, es muy fácil conocer el porcentaje de las personas que acuden a votar...

Como el domingo 25-J no se conocía el número de votos recibidos por correo del extranjero, los votos recibidos fueron menos que el porcentaje del 49% que se nos dijo, sino muy inferior, alrededor del 47%. Luego, una vez sumados los votos recibidos del extranjero, ese 47% subió hasta el 48%.

Pero nunca lo que se nos vendió (bajar del 49 al 48) sino al revés, subir del 47 al 48. Para maquillar la baja participación conocida a las 8 de la tarde hicieron una cosas muy burda: "disminuir" el censo electoral, quitando de él a los residentes en el extranjero.... Y esperar a recibir los votos por correo para "aumentar" el censo electoral que antes habían disminuido, y volver a hallar el porcentaje definitivo.

Es decir, para estos tíos el censo es algo que se estira y se encoje y no un documento fijo e invariable. En realidad la única variación permitida al censo es el de las personas que han alcanzado la mayoría de edad en el momento del voto (altas) Pero nunca la resta " temporal" de los residentes en el extranjero.

Sinceramente; estos progres de la izquierda son unos artistas en el arte del embuste y prestidigitación. No tienen vergüenza. Lo suyo es salir adelante como sea y construir la realidad a su medida.

De tal guisa que si preguntamos a la calle qué porcentaje hubo de participación nos dirá que el 49 y pico. Pues no, el 48 y pico. Si hubieran dicho la noticia correctamente el vulgo se habría quedado con el 47%.

El presidente de la claudicación


Ignacio Villa
     
El presidente se ha comprometido a reconocer lo que decidan los vascos sobre su futuro, dando luz verde a la autodeterminación y dinamitando así todos los puentes que lo unían al sentido común, la democracia y la Constitución Se esperaba con cierta ansiedad la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso para anunciar el inicio de las negociaciones con los terroristas. No lo ha podido hacer peor, no tanto en la estrategia como en la exhibición impúdica de la mentira. Zapatero ha querido engañarnos de principio a fin de su anuncio, como si aquí no pasara nada.

Para empezar, tres incumplimientos sobre tres promesas. Desde el Gobierno habían repetido hasta la saciedad que, antes del inicio de las negociaciones, el presidente acudiría al Congreso para informar a la Cámara sobre esos contactos, que se citaría con anterioridad a la Comisión de Secretos Oficiales y, por último, que se convocaría el Pacto Antiterrorista. Pues bien, nada de eso se ha cumplido. Zapatero ha acudido al Congreso, sí, pero sólo ante los medios de comunicación. Es un gesto de desprecio hacia la soberanía nacional y una demostración clara de que este Gobierno miente por encima de cualquier cosa, sin importarle en absoluto sus efectos. Además, desde Moncloa han tenido la desfachatez de explicar que lo importante era que la comparecencia del presidente fuera en un Congreso entendido en "sentido amplio". Mientras Zapatero hablaba en el palacio de la Carrera de San Jerónimo, los diputados se enteraban desde sus despachos por el circuito cerrado de televisión. En definitiva, una auténtica burla al Parlamento. Y, claro está, el Gobierno ha ignorado la Comisión de Secretos Oficiales y ha desmontado el Pacto Antiterrorista.

Pero, en todo caso, lo más importante de la comparecencia de Rodríguez Zapatero es el anuncio público de la rendición del Gobierno ante las exigencias de los etarras. El presidente se ha comprometido a reconocer lo que decidan los vascos sobre su futuro, dando luz verde a la autodeterminación y dinamitando así todos los puentes que lo unían al sentido común, la democracia y la Constitución.

Tras decenas de años asesinando y matando con la exigencia de la autodeterminación del País Vasco, la banda terrorista ETA se ha encontrado con un presidente que se lo entrega todo como si tal cosa. En una aceptación pública de la rendición, en un acto de irresponsabilidad que sobrepasa cualquier límite, el presidente del Gobierno ha enterrado de un plumazo la defensa de la libertad que millones de españoles han abanderado durante años y ha insultado a las miles de victimas del terrorismo y a sus familias aceptando de forma cobarde las imposiciones de ETA.

Es cierto que todo el aparato mediático del PSOE se ha lanzado a lo loco para intentar amortiguar el impacto ante la opinión pública de la rendición del presidente. Pero da igual: Zapatero ya tiene un hueco en la historia más negra de España. Se ha convertido en el presidente de la rendición y de la cobardía, en el presidente de la claudicación.

miércoles, junio 21, 2006

Argumentario demoledor contra la euforia basada en el pésimo resultado del referéndum del Estatut (III)




Breve historia de una saga sabinista. Cuando la estupidez precede al crimen


Por Jon Juaristi (Papeles de Ermua Nº4)
     
En 1974, yo tenía veintitrés años y un título universitario casi inservible: una condena del TOP me impedía trabajar en la enseñanza pública y en buena parte de la privada. Por eso, acepté de buen grado un puesto de profesor en la ikastola de Sopelana. Hoy, Sopelana es una de las ciudades satélites en que se desparrama el Gran Bilbao. Entonces era poco más que una aldea, con un barrio residencial para veraneantes, junto a la playa, y algunos bloques de viviendas baratas, construidos en la década anterior y habitados por familias de inmigrantes. Los lugareños llamaban a estos bloques Andalusía, quizá porque sus inquilinos eran originarios de Galicia y Extremadura. La cepa autóctona debía de haber practicado durante milenios una rigurosa endogamia, a juzgar por la proliferación de Ansoleagas y Saitúas en la guía telefónica local. El arquitecto Lander Gallastegui Miñaur encabezaba el sector más activo de la junta que regía provisionalmente la ikastola, un centro asimismo provisional, pues no había obtenido aún el estatuto legal de cooperativa de enseñanza. Lander no pertenecía al cogollo de la sociedad sopelanense (o sopelatarra, como se diría en eusquera). De hecho, ni siquiera residía en el término municipal de Sopelana. Vivía con los suyos en una urbanización de chalecitos vernáculos, por él mismo diseñada, a las afueras de una pequeña población cercana, Berango. A nadie se le ocultaba, en el Bilbao de la época, que los proyectos urbanístico-arquitectónicos de Lander Gallastegui tenían un claro sesgo de regeneración abertzale. Hijo de Eli Gallastegui, Gudari, fundador y líder de Jagi-Jagi --un grupúsculo fundamentalista surgido de las Juventudes del PNV en el período republicano-, Lander rendía un homenaje interminable al ideario de su progenitor.

Según Gudari, el más ortodoxo de los seguidores de Sabino Arana, los vascos conscientes de serlo deberían segregarse del contacto con los españoles y fundirse con la reserva racialmente pura de las aldeas y caserías, a la que aquéllos debían aportar fermento ideológico y dirección política. Este nacionalbolchevismo de Eli Gallastegui fue siempre apreciado por ETA, que todavía hoy considera a Gudari como su más legítimo precursor. La urbanización de Lander respondía a un designio radicalmente aranista. Separarse de los españoles implicaba abandonar las ciudades maquetas. Tanto a Lander como a su mujer, Paule Sodupe, les oí invocar a menudo el modelo de los kibutzim israelíes. Era obvio que los microcaseríos mesocráticos de Berango poco tenían que ver con las granjas colectivas de los pioneros sionistas, aunque conozco algún asentamiento actual cerca de Hebrón que no desmerece de aquéllos, ni siquiera en la ideología de sus moradores. Desde luego, la urbanización abertzale mencionada no era una unidad productiva. Tampoco tenía ikastola propia. Lander decidió controlar la más próxima, y ésa resultó ser la de Sopelana. Fundada años atrás por un cura, Nikola Tellería (preso, a la sazón, en la cárcel concordataria de Zamora), llevaba varios años funcionando como parvulario, en condiciones de semiclandestinidad más o menos tolerada, según la coyuntura, en unos locales de la parroquia. Lander Gallastegui desembarcó en ella con grandes proyectos bajo el brazo. Aliado con un constructor local y con el director de la sucursal de una Caja de Ahorros, animó a los padres de los alumnos a suscribir créditos para la rehabilitación del edificio de una antigua quesería, a cosa de un kilómetro del pueblo. Allí estaba ya instalada la ikastola cuando yo llegué y allí debe de seguir todavía. Los padres de los alumnos eran, en su mayor parte, nacionalistas de clase media y, por lo que puedo recordar, militantes o simpatizantes del PNV. Participaban también en la asamblea del centro algunos representantes de la juventud parroquial, que en años posteriores terminarían en el PNV o en Herri Batasuna, supongo. Un pequeño grupo de padres se movía en la órbita del PCE, entre ellos, un abogado laboralista, Antonio Giménez Pericás. Mi amistad con éste disgustó desde el primer momento a Lander Gallastegui y sus leales. Pero el verdadero conflicto surgió, apenas empezado el curso escolar, porque las andereños (maestras), que venían exigiendo desde tiempo atrás su afiliación a la Seguridad Social, reiteraron sus protestas. Desde luego, hice mía una reclamación tan básica. Ante la respuesta negativa de la junta, y siempre asesorados por Giménez Pericás, llevamos nuestra demanda a la Magistratura de Trabajo. El contencioso se politizó de inmediato. Se nos acusó, como era de prever, de españolistas (mis compañeras de trabajo eran abertzales y creo que lo siguen siendo). Fuimos despedidos y, con nosotros, se expulsó de la ikastola a un buen número de familias que habían juzgado razonable nuestra petición. Por supuesto, se expulsó a los hijos de Giménez Pericás (Antonio, después de haber ejercido durante muchos años como magistrado en la Audiencia de San Sebastián, es hoy uno de los puntales del FORO ERMUA). No llegó a haber juicio: aceptamos el acuerdo económico que nos ofrecieron, porque, en los últimos meses del franquismo, no parecía correcto --después de todo, éramos antifranquistas-- ensañarnos con una institución emanada del pueblo, esa indecente entelequia. El equipo docente que nos sucedió fue despedido en masa a finales del curso siguiente. Pero a la tercera va la vencida: el equipo siguiente resultó ser del gusto de Lander Gallastegui. Una de las profesoras fue detenida, al poco tiempo, por pertenencia a ETA.

Visto desde el presente, el caso de la ikastola de Sopelana se me aparece como una metáfora en miniatura de la historia reciente del País Vasco, con sus limpiezas étnicas e ideológicas. De los seis alumnos que tuve durante aquel curso, uno terminó en ETA. En la cárcel, Joseba se acogió a la vía de reinserción. No creo que su vida en Sopelana, desde entonces, haya sido muy agradable, pero quién sabe. Los hijos de Lander Gallastegui y Paule Sodupe estaban aún en los cursos de preescolar. Eran unos críos encantadores. Sus profesoras solían enseñarme los dibujos de alguno de ellos, que representaban siempre la misma escena: aviones con ikurriñas en la cola y en las alas bombardeaban barcos de la marina española. Lander, un arquitecto de reconocido prestigio, realizaba la parte gráfica de la revista infantil Kili-kili, dirigida a alumnos de las ikastolas. Hace algunos meses, Kili-kili publicaba una carta transida de nostalgia: una carta de su antigua y fiel lectora Irantzu Gallastegui Sodupe, que había recibido un número de la revista en la prisión francesa donde se encontraba desde mediados de 1999. La revista animaba a sus lectores actuales a escribir a Irantzu y confortarla con palabras cariñosas en eusquera. Tras el juicio que decidió su extradición temporal a España, Lander, su padre, describía así la entrada de Irantzu en la sala: "Al ver a sus familiares y amigos, se le iluminó la cara con una inmensa sonrisa y abrió los brazos como queriendo abrazarles a todos". Hay mucho amor en estas dos líneas, no lo dudo: pocas familias tan unidas he conocido, pocos padres tan amantes de su prole como Lander Gallastegui y Paule Sodupe. Irantzu fue extraditada hace pocos días. Al llegar al aeropuerto de Madrid, con una sonrisa quizá no tan inmensa y conmovedora como la que dedicó a sus padres en el tribunal francés, declaró estar embarazada. El pasado dos de mayo, la policía detenía a Lexuri Gallastegui Sodupe, hermana de Irantzu y miembro liberado de un comando de ETA. Otro de los hermanos Gallastegui Sodupe, Orkatz, de diecinueve años, era detenido el mes pasado, acusado de participar en acciones de kale-borroka. Ha pasado mucho tiempo desde el curso aquel de Sopelana. Veo por televisión las imágenes del bebé palestino disfrazado de mártir de al-Aqsa, y pienso en la equivalencia que Freud establecía entre lo demasiado familiar y entrañable (heimlich) y lo siniestro (das Unheimlich). Se me olvidaba añadir que Irantzu Gallastegui secuestró al concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco --un muchacho de su edad, hijo de inmigrantes gallegos-- el 10 de julio de 1997.

Rezo, pensando en su hijo venidero, para que no fuera ella la que le quitó la vida dos días después. Ahora la estupidez sucede al crimen, escribió Cernuda. En mi país suele pasar lo contrario.

Por Jon Juaristi (Papeles de Ermua Nº4)

martes, junio 20, 2006

Argumentario demoledor contra la euforia basada en el pésimo resultado del referéndum del Estatut (II)


  El resultado del referéndum del Estatuto de autonomía de Cataluña representa un clamoroso fracaso de Zapatero en uno de los ejes esenciales de su agenda política.

  Sólo uno de cada tres catalanes ha votado a favor del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Más de la mitad de los catalanes han respondido con la indiferencia a un texto estatutario que sus impulsores justificaban por su amplia demanda social. El nuevo Estatuto fue aprobado inicialmente en el Parlamento de Cataluña por el 90% de los representantes políticos de los ciudadanos. Sólo el 36,5% de los representados votaron ayer a favor del texto estatutario.

  En 1979, el 60% de los ciudadanos participaron en el referéndum en el que se aprobó el vigente Estatuto de Cataluña. En aquella ocasión, la mayoría absoluta de los catalanes (53% del censo) aprobaron el texto estatutario que habían pactado el conjunto de las fuerzas políticas. Es una lástima el importantísimo retroceso que ha sufrido el respaldo ciudadano al Estatuto de Cataluña.

  El Estatuto de 1979 es el de todos los catalanes. Nadie podrá decir eso nunca del nuevo Estatuto que acaba de ser sometido a referéndum. Desde el primer momento, las fuerzas políticas que han impulsado la reforma del Estatuto hicieron todo lo posible por marginar a una parte importante de la sociedad catalana, la misma que no ha apoyado con su voto el Estatuto.

  La suma de votos de los partidos que defendían el SÍ al Estatuto –PSC, CiU e IC-en las últimas elecciones autonómicas catalanas representó más del 43% del censo electoral. Un porcentaje muy superior al 36,5% del censo que ha votado SÍ en el referéndum.

  La mayoría de los catalanes han dado la espalda a este Estatuto y a los que lo han impulsado. Los ciudadanos de Cataluña han enviado un clarísimo mensaje a Zapatero.

  Es el momento de retomar el consenso que ha presidido la reciente historia de España y de que Zapatero abandone definitivamente su proyecto de modificación a plazos de la Constitución a través de las reformas estatutarias.

  El Partido Popular cree en el consenso y en que las reformas institucionales se han de hacer contando con el conjunto de las fuerzas políticas. Así actuamos cuando estamos en el gobierno y también cuando estamos en la oposición. No todos pueden decir lo mismo. No todos somos iguales.

Las reformas de los Estatutos de Autonomía en las Comunidades Autónomas en las que gobiernan los socialistas se han llevado a cabo sin consenso y excluyendo a una parte importante de la sociedad (Cataluña y Andalucía) En cambio donde el Partido Popular tiene responsabilidades de gobierno, esas reformas estatutarias están contando con un altísimo apoyo político (Comunidad Valenciana y Baleares).

  Cuando se abandona el consenso, la convivencia se debilita. Lo hemos visto durante esta campaña electoral. Con los continuos ataques al Partido Popular. Con los miserables lemas electorales del Partido Socialista. Con las agresiones verbales y con el aplauso y la justificación del uso de la violencia contra los que pensamos diferente.

  Ya sabemos lo que ocurre cuando los políticos abandonan los argumentos para decantarse por el radicalismo verbal contra los que pensamos de forma diferente.
La abstención se dispara y los violentos se crecen.

  El Partido Popular presentará un recurso de inconstitucionalidad para garantizar la seguridad jurídica de los catalanes y del conjunto de los españoles. No es un
recurso contra la opinión de los ciudadanos de Cataluña sino contra el intento de unos cuantos políticos de poner en marcha una reforma encubierta de la Constitución.

  Durante los últimos meses, CiU y PSC han presentado ante la opinión pública interpretaciones absolutamente contradictorias sobre los mismos artículos del
Estatuto de Cataluña. Alguien debería aclarar si lo que dice Mas o lo que nos explica Maragall sobre determinados artículos del Estatuto es lo correcto o si, como
seguramente sucede, ninguno de los dos tiene toda la razón. Ese alguien, en nuestro ordenamiento jurídico, es el Tribunal Constitucional.

  ¿Por qué tenemos que dejar en manos de socialistas y convergentes la interpretación de la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las normas, teniendo, como tenemos, el Tribunal Constitucional?